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Écheme el Cuento

LA CAJA MÚSICAL

LA CAJA MÚSICAL

El genial David Vásquez, nos trae de nuevo un ahistoria con es ritmo porético y nostálgico.

Esta historia hace parte del libro inédito: "Ezra Kalub, Praga y Otros Cuentos"

    La calle está grabada como un tatuaje en el aterrador rostro de Angus Soleki. En sus ojos abisales se cocina Praga, se asesina el instante.  El mudo puñal que lo precede es una frase herida en el estómago, un silencio que se escribe con sangre.

    A esta hora el asesino descansa mientras Praga se condena. El puñal sobre la cama es sólo eso...  no hay respuesta. La golfa que lo acompaña esta noche es una suerte de niebla ensortijada, una caja musical con su bailarina rota. Cuando ella era niña vivía en una casa a las afueras de Praga, eso fue hace mucho tiempo. Ahora cepilla su cabello frente al espejo y escucha la evocadora melodía, devora sus entrañas. 

   Hay una pregunta que ronda  por la habitación, la hizo Angus. La repuesta fue muda, es una profusa hemorragia, un silencio incómodo entre dos demonios.  Hace un rato, cuando la golfa se sentó en el tocador, abrió la caja musical y vió el reflejo de Angus en el espejo —claroscuro— algo sucedió en el preciso instante en que se miraron uno al otro. Angus se  viste para marcharse, la golfa sabe  que las monedas que están sobre la mesa no son para pagarle por el rato de placer, son para no verla nunca más.

   En Praga hay una calle en especial, es donde Angus Soleki espera a su enemigo de turno, escoge al azar.  Esa calle ahora está sola, amanece y el asesino asecha su hastío, lo persigue con una sopa fría hasta la cama, lo devora sin compasión.

   La golfa que está con Angus se llama Sabina. En la tarde ella duerme y su cuerpo mancillado es como el de una fiera saciada.  Las otras golfas respiran,  hablan de cualquier cosa, ríen sin piedad.  La risa de las golfas es inconfundible, es seca y sin sosiego como la muerte.

    En la noche la caja musical suena de nuevo su canción, la bailarina rota se mueve sin parar. Sabina se apresta a destrozar otra esperanza y la antigua melodía martilla en su cabeza como una pregunta sin respuesta. Anoche el asesino le secó una lágrima con su puñal, le cortó el rostro un poco y le susurró al oído una maldición que ahora no recuerda. Ella está un poco muerta, por eso le es tan fácil olvidar.

  La madrugada llega con un grito de muerte. El asesino: Angus Soleki.  La sangre, el azul de la bruma, Praga, Sabina, la niña que sonreía a deshoras. Como gritar esa respuesta que se quedó clavada en el instante, igual que una puñalada.  Atrás las voces de la ciudad que se condena,  la muerte que toma su presente y se marcha sin más. En la calle el humo se mezcla con la sangre como una canción a dos voces y en el bar el vino se derrama por la boca de  Sabina,  la risa se ahoga en sus labios.

    Cuando Angus vuelve al bar es casi el amanecer. Hay unos hombres que se pierden entre el humo, Angus es uno de ellos. Se sienta en una mesa, pide un trago y mira a Sabina, ella también busca su mirada  —claroscuro— el espejo, el cuchillo, la pregunta. El puñal sobre la mesa es sólo eso... no hay repuesta. Al poco tiempo ella se acerca, realiza su acto, finge una sonrisa.

    Angus sólo espera, cuando la tiene cerca la toma por el brazo y la sienta frente a él, dos demonios a la mesa. Ahora el puñal sobre la tabla es el rostro de Sabina. La caja musical está muda, el asesino habla:

    —¿Te acuerdas de anoche?

      La golfa ríe, bebe un trago con fuerza y golpea la copa contra la mesa.

    —¿Te acuerdas de la lagrima que te corté con mi puñal?

     El asesino toma con fuerza a Sabina mientras el vino se riega como un hilo de sangre por su cuello, ella ríe de nuevo y su risa seca es como la muerte.

   Sabina se levanta de la mesa y Angus vuelve a tomarla del brazo, la trae con fuerza hasta pegar sus rostros. 

     —¿Ya no lo recuerdas? anoche mientras danzaba la bailarina rota te pregunté: ¿Si duele tanto el olvido por qué lo guardas en esa caja?

    No hay  respuesta, en el rostro de Sabina se dibuja una sonrisa de hielo de apenas un instante, suelta su brazo y se aleja con torpeza.

    La golfa mira al piso mientras se dirige hacia la barra donde hay otros hombres que la esperan, luego levanta su rostro con fuerza y ríe a carcajadas.

 

 

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2 comentarios

Anónimo -

Gracias Azpeitia, esperamos seguirte teniendo atenta y pendiente
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azpeitia -

Muy buena presentación. y lo primero que he leido me ha gustado...sigo leyendo...azpeitia
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